¿Qué es ser un pipero?


Es común, entre los asiduos al Bernabéu, encontrar aquellos individuos que ejemplifican de un modo absoluto el verdadero significado del concepto “pipero”.

Pero esta pregunta suscita un debate que debe ser pausado y profundo. El pipero, el forofo, el “culo que se acomoda en esa butaca de la tribuna preferente norte, sur, este u oeste”, es más que un simple come-pipas que acude con habitual frecuencia a presenciar en el estadio los partidos de su equipo.

Es preciso no ser ligeros a la hora de usar este término tan extendido. No se trata de un pipero aquel susodicho que acude al kiosko de los aledaños del estadio a comprar su bolsa de pipas. No. Ese es el error fácil. Eso es lo que usan de pretexto los verdaderos piperos. Quizás ellos no coman pipas, quizás no van siempre al Bernabéu; pero el que es pipero lo es con o sin pipas y con o sin abono.

El manual del “buen pipero” es la Biblia de todos aquellos que muestran un comportamiento, actitud o conducta propia de quien no sabe de qué va la vaina, pero que piensa que es conocedor de la situación. Me explico. Todos conocemos a ese tipo que se las da de sabiondo. Ese tipo que sería capaz de mejorar el rendimiento de los jugadores, que lograría 120 puntos en liga si fuese entrenador, que metería ese penalti que el delantero acaba de fallar. El manual del “buen pipero” recoge todo este tipo de posturas y pautas de actuación de determinados forofos que consideran que el hacer de los demás nunca estará a la altura de sus propias posibilidades.

Increpar al técnico, creer que determinados jugadores deben estar por encima de la figura del entrenador, insultar a aquellos a quienes no creen dignos de vestir la camiseta, abandonar el estadio cuando vienen mal dadas… son tantos y cuantiosos los gestos habituales del pipero, que es difícil discernir entre lo que hacen mal y lo que hacen aún peor.

Es práctica habitual entre el piperíomadridista-españolista (y de su vertiente casillista-ramista), abandonar el barco cuando la tempestad se avecina. ¿Acaso creéis que muchos de esos que se asoman en Cibeles en el mes de mayo han visto los partidos del equipo cuando han jugado en campos como los del Eibar o Getafe? ¿De verdad pensáis que son verdaderos madridistas por copiar y pegar cuatro tweets en los días de Clásico?.

El verdadero problema del pipero es no saber que efectivamente lo es. Más allá comerse un yogur viendo el partido, o llevarseun libro porque el partido esté aburrido. Da igual si las pipas son de girasol, decalabaza, peladas o aguasal. Eso es lo de menos. El piperío es una práctica déspota que asola ferozmente las gradas del templo blanco.

Para acabar estas líneas considero oportuno hacer un llamamiento de apoyo a la antigua grada de animación del Santiago Bernabéu. Con años de constancia y compromiso, se han ganado ese fondo sur que los vio nacer, como ellos mismos dicen en sus canciones. Es preciso que vuelvan a sus localidades, y con ellos los verdaderos cánticos, los que te llenan la garganta y retumban en las redes. El madridismo de bien debe estar unido, tiene que estar junto. Erradiquemos esa lacra que no hace sino avergonzarnos delante del resto de las aficiones rivales. Como tantas y tantas veces, nosotros pudimos. El Madrid no es suyo, el Madrid somos todos.
Hasta el final, vamos Real; y nunca más pipas con sal.

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