Cambiar para que nada cambie


Los vientos de cambio prometidos por Carletto tras el espantoso ridículo hecho en el Calderón ante el Atlético de Madrid  y que,si bien no presagiaban grandes cosas –entre otras cosas por el maltrecho estado de nuestra plantilla,azotada por las lesiones- sí que al menos,hacía atisbar que algo iba a cambiar.

Sin embargo,tras el esperpento nuevamente vivido ayer en el Bernabéu ante el Deportivo han dejado esos “aires de cambio” en una simple brisa marina,que encima ni siquiera es fresca.

Y es que, pese a los cambios prometidos hace apenas una semana por el técnico italiano en rueda de prensa, la alineación y, sobre todo, la actitud del equipo fueron un calco casi exacto de lo vivido en territorio “comanche” . La diferencia está en que, en esta ocasión, nuestro rival  fue un equipo que, no nos engañemos, es firme candidato al descenso y, aun así, nos lo hizo pasar mal durante bastantes etapas del encuentro.

Sin querer entrar a valorar a quién pitó más esa ignominiosa afición, que se las da de sabia y entendida pero que no duda en abuchear a quien la prensa, de forma tendenciosa y teledirigida, señala con su dedo acusador, confieso que lo que más me sorprendió de la alineación –un remedo casi exacto de la que salió al Calderón- fue la presencia bajo palos del “Yerno de España”.

Sus errores, pese a las toneladas de tierra que intentaron echar encima sus mamporreros mediáticos (que son legión y en todos los medios) fue, en mi opinión, una de las causas más importantes del naufragio en el Manzanares. 

Sin embargo, Carletto y pese a que entrenó con Keylor Navas de titular, decidió volver a darle los galones a Iker Casillas ante la sorpresa del personal, seguramente imbuido de esa necesidad de no levantar más polvareda por parte de los mismos que le acusan de poner a Bale por decreto presidencial.

Un “regalo” que el de Móstoles devolvió con un par de paradas, en las que anduvo bien de reflejos pero que luego estropeó con un despeje defectuoso con el pie, marca de la casa, que entregó el balón muerto en la frontal del área que, afortunadamente para nosotros, el delantero deportivista no supo aprovechar. 

Y con un par de estatuas, igualmente con el sello del artista, que acabaron una en el poste y otra fuera, alimentando de nuevo esa vieja leyenda de que “las desvía con la mirada” pero que, pese a los denodados esfuerzos de sus palmeros, no es más que un síntoma de que sus mejores días, por desgracia, acabaron hace tiempo.

¿Dónde estuvo entonces ese “cambio” prometido por Carletto? No desde luego bajo palos ni tampoco en defensa, donde aun en cuadro por las lesiones, tampoco había mucho donde elegir. Una defensa que, pese a los esfuerzos de Nacho, volvió a hacer aguas por todas partes.

El cambio estuvo entonces en la figura de un cada vez venido a menos Asier Illarramendi, que intentó llevar la manija del equipo pero, como tantas otras veces en las que el de Motrico fue titular. 

Pero una vez más, lejos de brillar y dar un paso al frente y decir “aquí estoy yo”, el centrocampista vasco se acabó diluyendo como siempre y volvió a enrocarse en sus pases atrás y sus balones sencillos al compañero de al lado. No se atrevió a arriesgar ni a dar ese pase rompedor de más de 10 metros ni tampoco contuvo de forma efectiva los arreones del centro del campo gallego. Es decir, muy poco para un jugador que costó más de 30 millones de euros y que debía ser la alternativa a Xabi Alonso.

En el centro del campo y, quizás el mejor del partido una vez más fue Isco. Y no sólo por el gol, en un momento importantísimo del partido en el que el Deportivo estaba enseñando sus garras. Se ha echado al equipo a sus espaldas y ayer volvió a ser el mejor, por su lucha y por su talento innato que, a diferencia de otros que también dicen tenerlo, sí ha evolucionado en su juego gracias al entrenamiento que estos mismos detestan.

Por su parte, en la zona de delante tampoco cambió nada. Salvo Bale, el único que propuso hacer algo diferente, arriesgar, romper por velocidad y acabar las jugadas con fuerza, ni Benzema ni, sobre todo, Cristiano Ronaldo fueron los jugadores decisivos que esperábamos.

No voy a cargar las tintas en absoluto sobre el portugués, al que la prensa, de forma muy interesada, decidió poner en el disparadero por su famosa fiesta. Es más, ni siquiera voy a valorar lo ocurrido “rompiendo tarimas”. Al menos, en ese propósito hay que decir que la Prensa del Movimiento falló estrepitosamente en su campaña.

Sin embargo, no puedo ni quiero dejar pasar el pésimo estado de forma de CR7. Aunque nos dejó un remate al larguero y, sobre todo, un regate inconmensurable a Manuel Pablo, de esos que adornarán los resúmenes de televisión de medio mundo hoy y a la hora de hacer balance de la temporada, el caso es que el luso no dio ayer una derechas.

No se fue casi de nadie y, lo que es peor, siguió en una línea tanto personal como profesional que todos creíamos superadas. Enfadado con el mundo y con todo aquel que no le pasase el balón al pie ni siquiera lo intentó. No se fue de nadie y estuvo displicente y protestón prácticamente todo el partido y se volvió a ir de vacío.

Por último, no quiero dejar que se vaya de rositas el  Míster. Sí, ese que tanto nos ha dado (qué frase más terrible y qué daño nos ha hecho)  Prometió cambiar cosas pero no ha cambiado nada. Ni el dibujo táctico ni su maldita y previsible forma de hacer los cambios aun cuando se veía que nada estaba funcionando. 

Incapaz, como siempre, de ofrecer alternativas desde el banquillo,  esperó, también como siempre, al minuto 25 de la segunda parte para  hacer el primer cambio. Y lo hizo cambiando a la pieza más débil, a Illarramendi que, si bien no estaba cuajando precisamente un gran partido, no estaba siendo ni mucho menos el peor, para dar entrada a Lucas Silva, que debutaba así con el Madrid aunque tampoco dio mucho de sí.

Luego sacó, como siempre, a un lateral Carvajal por la lesión de Marcelo, aunque el cambio estaba preparado de todas formas. Y finalmente a Jesé, con todo ya resuelto y aunque el canario le puso ganas, no pudo aportar más que ese espíritu con las que siempre salta al campo.

Luego, el mea culpa en rueda de prensa, sus mismas palabras y sus firmes propósitos de cambio pero una vez más, el Madrid sigue cuesta abajo y sin frenos.

En definitiva, un partido para olvidar en el que se prometieron cambios pero, como dijo aquél, ni están ni se les esperan ya que hay uno o dos jugadores que mientras sigan jugando por Real Decreto (como son Casillas y CR7) las cosas seguirán igual. Y lo que es peor, con la sensación de que, lejos de encontrar la senda para la mejoría, el equipo sigue de capa caída, triste, sin intensidad y andando.
 Al menos, para deleite de “líricos” y gurús del tikitaka  hemos tenido la posesión. Aunque ahora que la Farça juega al contragolpe y el Atlético, el Equipo del Pueblo, también, parece que jugar a la contra ya no está tan mal visto y lo de tener el balón, como ahora hace el Madrid, no es tan bueno.

Lástima que estos que nos hicieron la vida imposible estos años, no se diesen cuenta de eso mismo hace cuatro temporadas, pero ésa es ya otra historia…

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