Billete defectuoso


¿Se acuerdan de mi Ferrari rojo? Finalmente lo llevé al taller. La impaciencia me tocó por la espalda y me susurró al oído: "¿No crees que tener un día más este coche en estas condiciones es ilógico?". Pregunta retórica que me lanzó a visitar al primer mecánico que se me cruzase en el camino. Mi mala suerte hizo que me topase con el taller más cutre de todo el barrio pero el tiempo se me había echado encima y no había tiempo para buscar alternativas. El mecánico jefe se me acercó y me dice: " ¡Ala! ¡Está to' fino el buga!". Me entraron ganas de llorar pero no tantas como las que tenía de arreglar mi vehículo. De modo que le dejé las llaves de este a la vez que me decía:"En dos días tienes el caramelito dabuten". 

Fueron un par de días duros. Tuve que desplazarme con transporte público y el autobús de debajo de mi casa tardaba más que Ancelotti en hacer cambios. Pero eso no fue lo peor. Después de esa larga espera, voy a validar el viaje mediante el billete que tenía en la cartera almacenando polvo y no funcionaba. Del mismo modo que no funciona poner a Illarra en el campo, sea cual sea la circunstancia. Mi cara al ver que dicho billete era defectuoso y que debía comprar otro fue la misma que puso Isco al ver que el sustituido era él. 

Transcurrieron esos dos días y, feliz, me dirijí al taller. Lo primero que veo al llegar es al mecánico dando vueltas y observando mi coche. Como cuando Chicharito, tras varios minutos calentando, decide ponerse a mirar el partido como un espectador más. Lógico cuando solicitan tus servicios poco antes de que el cuarto árbitro muestre el tiempo de añadido. 

Pago la factura, cojo las llaves y me marcho de ese particular lugar asombrado e incrédulo, adjetivos con los que podemos catalogar a los aficionados que poco a poco abandonaban el Santiago Bernabéu con el 1-1 en el marcador. Voy circulando tranquilamente. Ventanillas bajadas, gafas de sol puestas, música a todo trapo y pose chulesca. Pero, al poner los intermitentes, me doy cuenta de que el color de los leds es verde, color con el que se puede calificar el estado actual del 'revulsivo' Jesé, y que su luz es tan tenue como el brillo de las botas de los Bale, Benzema y Cristiano. Tres futbolistas que forman unas siglas que, actualmente, están inmersas en faltas de ortografía. 

¿Tiene sentido ver un vehículo con las luces intermitentes de color verde? ¡No! ¿Es normal que una plantilla como la del Real Madrid tropiece tantas veces con la misma piedra? ¡Tampoco!.

Cabizbajo y ligeramente desilusionado trato de mirar a los ojos a un problema que, de momento, no parece tener solución.


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