Carta abierta a Iker Casillas


Estimado Iker:

No sé si leerás esta carta. A estas alturas, ya me da igual. Aunque me comprometí a escribir un artículo de temática completamente distinta, las circunstancias obligan. Te escribo después de la debacle (sí, debacle), de Champions constra el Schalke 04. No me acuses de oportunista, porque son estas y no otras las circunstancias que antes he mencionado y que me obligan a escribirte.

Yo te quería, y como yo, todo el madridismo. Parece el comentario del novio despechado, pero en el fondo, todos lo somos. Eras de mis jugadores preferidos, me parecías el mejor portero del mundo, aún con todas las carencias que tenías, y tienes,  y estaba orgulloso de tenerte en mi equipo... pero de repente todo cambió. Nos diste la espalda a los aficionados y te pusiste a seguir a la prensa. Tus motivos tendrías, pero el hecho es que despreciaste a la mayoría que te amaba para apoyar y apoyarte en una selecta oligarquía.

Después de seis años, seis, de ridículos en Europa, tuvo que venir un hombre a poner las cosas en claro y a refundar el planteamiento del equipo. Tú sabías que estabas mal, todos lo sabíamos, pero te creíste lo suficientemente importante como para usar esa amistad en contra de esa persona que, por criterios meramente deportivos, tuvo la osadía de sentarte en un banquillo.

Actualmente, ese hombre, tu entrenador, al que debías respeto y obediencia, está fuera, gracias a la campaña que tus amigos orquestaron. Tú nunca le defendiste. Dejaste que tu ego estuviese por encima del escudo, del Club, encarnado por la figura del entrenador.  ¿Han cambiado las cosas? En absoluto. Tus amigos siguieron intrigando para que tu competidor en el puesto también fuese invitado a abandonar el barco... y tampoco le defendiste.

A día de hoy, y disculpa la franqueza, te veo como un florero, pero un florero en el que se ha plantado la muy ponzoñosa belladona (Atropa Belladona). Ni buen jugador, ni buen capitán. No eres buen jugador, porque con los años, aunque no lo asumas, has perdido ese toque mágico que te hacía distinto al resto, y que en realidad, era la única característica en la que destacabas: los reflejos. A los hechos me remito, y te recuerdo que el buen portero transmite seguridad a su defensa. El análisis de tu capitanía es un pelín más largo. No eres buen capitán, no sólo por las maquiavélicas maniobras de tus amigos de la prensa, en las que estás implicado directa o indirectamente, sino porque un capitán, en primer lugar antepone el escudo de su Club al de su Selección. No eres un buen capitán porque cuando se comete un error, se asume, y no se señala al compañero, y mucho menos cuando el susodicho es diez años más joven y está empezando su carrera. No eres buen capitán porque cuando al Club se le ataca por todos sitios, se le defiende, y no se permanece en el mutismo más absoluto, aunque el atacante sea un amigo de tu infancia. No eres buen capitán porque cuando el equipo está en crisis, no se hacen conjuras chorras a las cinco de la mañana a 48 horas de jugar un partido; se da un golpe en la mesa. No eres buen capitán porque reconoces no ir a entrenamientos para mejorar tus carencias porque tienes un don innato (?). No eres buen capitán porque dejas que el Seleccionador Nacional, al que te une una gran amistad, dejas que por palabra y por obra ningunee a los jugadores de este equipo. No eres buen capitán porque cuando ganas, eres el primero en salir a hablar con la prensa a pie de campo, pero cuando pierdes te escabulles, pasándole el marrón a otro. No eres buen capitán por esto, y por muchas cosas más que sacrifico en aras de una mayor brevedad.

Iker, me has decepcionado, y conmigo a mucha gente. He intentado escribirte desde el mayor de los respetos para transmitirte el sentir, o mejor dicho, el pesar, de mucha gente. Quiero acabar volviendo al primer párrafo. No sé si leerás esta carta, y de leerla, no sé si vas a responder. En el caso de que lo hagas, espero que tu respuesta sea tan respetuosa como mi misiva. Sólo te pido que, por favor, te vayas ya. No por nosotros, porque parece que en los aficionados dejaste de pensar hace mucho tiempo. Te lo pido por ti, para que encuentres la tranquilidad en tu retiro dorado, la misma tranquilidad que dejará tu definitiva ausencia en el Real Madrid.

Sin más, recibe un saludo de un aficionado que te quiso.

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