Madridista en España, una profesión de riesgo


El otro día, mientras nos preparábamos para grabar un podcast de Actualidad Meritocrática para esta santa casa, departía fuera de micrófono con dos ilustres madridistas en “territorio comanche”, como son Darkko y Toni Danvers. El primero, en el País Vasco y el segundo en Cataluña.

Partiendo de la base que ser madridista se ha convertido en una especie de estigma, no sólo a nivel profesional sino incluso ya personal, serlo además en esas zonas de España es además, en mi modestísima opinión, un auténtico rasgo de heroicidad.

Desgraciadamente, hemos llegado a asumir un peligroso paralelismo nacionalista por el cual, en especial en esos territorios, si eres madridista eres automáticamente asimilado por el sistema como un peligroso españolista y por tanto, susceptible de ser señalado con el dedo, con todo lo que ello supone, especialmente en el País Vasco.

Eso ha generado que, desde el punto de vista profesional –y me quiero circunscribir en exclusiva al Periodismo-  ni en el País Vasco pero sobre todo en Cataluña, nadie con dos dedos de luces que aspire a trabajar en una emisora de radio o periódico de medio pelo y ganarse un jornal digno podrá decir públicamente que es del Real Madrid.


El Madridismo, erradicado en Cataluña por el Nacional Barcelonismo


Admitiendo mi desconocimiento de la situación del trato y de la situación del madridismo en el País Vasco, aunque me lo figuro, quiero centrarme en el modelo catalán, un sistema que conozco bastante bien por distintos motivos personales.

Así pues, cualquier profesional de la información sí podrá -es más, deberá- afirmar su lealtad inquebrantable a los Principios Fundamentales del Movimiento, es decir, el Nacional Barcelonismo, ese régimen que tan acertadamente definió el presidente del RCD Espanyol tras osar empatarle en Liga al equipo del Poder y los Valors.

Y, por descontado, que ese acto de lealtad, como rito iniciático, pasa indefectiblemente por abrazar el Barcelonismo como única realidad verdadera y no reconocer a más Dios que a Lionel Messi. Y por supuesto, si hubiese en esa persona cualquier vestigio de Madridismo, negar al Real Madrid hasta tres veces como si fuese San Pedro y apostatar del club blanco.


Desgraciadamente, ese modelo (inicialmente reservado hace unos años en exclusiva para Cataluña y, en menor medida, para el País Vasco) se extendió peligrosamente hacia los medios nacionales. Empezando por RTVE, donde tras las elecciones de 2004 y el pacto del PSOE con ERC y los nacionalistas catalanes, se produjo un tremendo desembarco en el Ente Público de gente de todo pelaje vinculado al incipiente Nacional Barcelonismo, que tuvo además un peso importante en el departamento de Deportes.

Se purgó cualquier atisbo de Madridismo, de modo que se quedaron atléticos y culés y, como ocurrió n en su día en Cataluña, como más de una vez ha comentado Siro López -profundo conocedor de la situación mediática allí- hubo bastantes profesionales que tuvieron que renunciar a su Madridismo y/o Espanyolismo para poder trabajar, convirtiéndose desde entonces en verdaderos azotes del equipo blanco en los medios, tal vez para borrar así huellas de un pasado que hay que hacer desaparecer como sea…

Ahora, el panorama mediático para nuestros intereses es sencillamente desolador. Nadie, salvo Juanma Rodríguez y el citado Siro López, se ha atrevido a “salir del armario” y declararse no sólo madridista sino además contrario al régimen.

El resto, un páramo yermo en el que nadie se declara madridista y si lo hace es para mostrarse exageradamente críticos con el actual club y, sobre todo su presidente, y declararse garantes de unos valores que, según ellos, esta actual directiva ha tirado por el sumidero.

El caso más palmario, sin duda, es el del ínclito Alexis Martín Tamayo (el conocido como Mr. Chip), quien a pesar de ser manifiestamente antimadridista, se declaró seguidor del club blanco sólo para desear que perdiese porque no soporta a la actual cúpula directiva. Pero ejemplos como él, los  hay a patadas en todos los medios.


El extraño caso de los ex-jugadores del Real Madrid y los medios


Sin embargo, hay un caso extraño que merece comentario aparte. Me refiero a los ex-jugadores madridistas que pululan en las distintas cadenas de radio y TV comentando la actualidad y los partidos madridistas. Gente que, por sus comentarios y su forma de hablar del Madrid, da la sensación de que el club aún les deba dinero o su presidente le hubiese puesto los cuernos con sus respectivas mujeres.

Hablo de gente como Sanchís (al que muchos piperos siguen anhelando como futuro presidente del Madrid) o Morientes, un profesional del fútbol que no ha dudado en mofarse junto a su amigo Manolo Lama de muchos de los jugadores del plantel blanco en su micrófono de la COPE. Y qué decir de "Poli" Rincón, un tipejo que, por un plato de lentejas se ha convertido en una caricatura grotesca de sí mismo a base de bv.

O personajes como Iván Helguera (sí, el que después de pasarse un año atizando al club desde su púlpito en Onda Cero, se quejaba amargamente de que el Real Madrid no le había facilitado unas entradas para la Final de la Champions de 2014 en Lisboa) o sobre todo Martín Vázquez, recientemente bautizado -con todo acierto, dicho sea de paso- por Richard Dees en su El Radio como “Tristón”.

El caso de Martín Vázquez es realmente asombroso. Se ha convertido en un arquetipo del comentarista madridista actual al uso, de esos llamados "de carril". Es decir, un cenizo, que va dando lecciones de ética y madridismo, olvidando que se fue del club al Torino únicamente por dinero, y para el que todo, absolutamente todo, lo que nos rodea es malo, negativo y de color de hormiga. El típico especimen mediático para el que las victorias madridistas se producen cuando únicamente porque el rival es muy malo o simplemente no ha estado a su altura. 


Ser del Atleti, algo más que una moda

Por último, ahora lo que se lleva es ser del Atleti. El “Equipo del Pueblo” (el de los 200 millones de presupuesto, eso sí) es la nueva vedette para esta gente y su nuevo Becerro de Oro.

En especial para esos gurús, los “líricos” del tikitaka, que no dudaron en talibanizar el panorama futbolístico español, imponiendo el pensamiento único del fútbol y para los que no había más fútbol que el de toque, el del sobeteo infinito y el de la posesión indefinida.


Por supuesto, el fútbol del Real Madrid de Mourinho fue denostado por esta gente, catalogándolo de antifútbol y de deshecho deportivo, propio de “equipo menor”. De nada sirvió que ese fútbol fuese el único en Europa capaz de derrotar al hegemónico modelo barcelonista de rondo hasta el día del juicio de Pep Guardiola. Y ojo, no sólo con el Real Madrid sino con el Inter de Milán, al que llevó a ganar un histórico triplete en 2010.

Eso de defender con intensidad (en aquel entonces, violencia insoportable ¿o ya nos hemos olvidado de aquel infecto vídeo de las hienas?), ser solidarios en el esfuerzo y salir con velocidad al contragolpe era poco menos que un anatema y motivo de excomunión a divinis por parte de los grandes gurús del periodismo.


Pero hete aquí que Mourinho se fue y llegó prácticamente en paralelo la nueva “Edad de Oro” del Atlético de Madrid. El “Cholo” Simeone llegó a Madrid con un fútbol aún más rácano, si cabe, y donde se dio una nueva vuelta de tuerca a la intensidad defensiva, llevándola mucho más allá del reglamento, que no duda en arrojar balones al campo para cortar contragolpes rivales (lo vimos en Lisboa en la Final de Champions y lo volvimos a ver recientemente ante el Málaga en el Calderón)

Que conste que no seré yo quien reparta carnets de buenos y malos modelos o de estilos de juego admisibles o inadmisibles. Parto de la base que todos los estilos me parecen óptimos, sobre todo si con ellos vienen los buenos resultados y, es indudable que, tanto para el Real Madrid en su día como al Atlético de Madrid estos últimos años, les ha ido francamente bien.

Sin embargo, lo que no es de recibo esa miserable doble vara de medir por la cual, lo que antes era un estilo repugnante se ha convertido como por encanto en cataratas ingentes de almíbar, procedentes de muchos que no hace mucho soltaban sapos y culebras por sus bocas ante el juego presuntamente “ultradefensivo” del Madrid de Mou, incluso a pesar de haber pulverizado en 2011/2012 el récord de puntos y goles en la Liga.

De hecho, el trato que se le ha dispensado al Atlético de Madrid por la prensa, especialmente tras sus dos victorias en el Calderón en Champions (ante el Barça y el Bayern de Munich), sin apenas tirar a puerta y con una lección de despliegue defensivo es sencillamente estomagante.

Desde montajes televisivos en los que, al son del “You are so beautiful” de Joe Cocker nos ponían a cámara lenta los despejes de la defensa rojiblanca, hasta elogios insoportables hacia la figura de Saúl Ñíguez, al que ya nos quieren presentar como el futuro del fútbol español, pasando por todo tipo de portadas y editoriales elogiosas.

Inclusive de gentuza como Alfredo Relaño que, aun declarándose madridista, tuvo la desvergüenza de denostar nada menos que la victoria en la Novena Champions, a la que no dudó en tildar de “victoria vergonzante” porque se produjo con el Madrid a la contra.

De hecho, la grave sanción del “Cholo” de tres partidos -recientemente confirmada por el Comité de Competición- por tirar un balón al campo ante el Málaga ha pasado de puntillas ante los medios. De la misma forma que pasaron por encima de otros lamentables episodios protagonizados por el técnico argentino.

Así pues, capítulos bochornosos como su conato de agresión a Varane en Lisboa o las “collejas” que le asestó al cuarto árbitro en la vuelta de la Supercopa de España de 2014. Todo lo más, algún tironcito de orejas e incluso excusas, tachando esa marrullería simplemente como “el otro fútbol”.


En fin, que para concluir diré que ser del Madrid no sólo no está mal visto socialmente se puede decir que es una “profesión de riesgo” y a lo más parecido a ser gay en Irán, al menos en algunos sitios de España.

Pero con todo y con ello, me permitiré recordarle a todos estos personajillos que nos hacen la vida imposible a diario que, gracias a su odio infinito y a pesar de su falta de coherencia y criterio, nuestro madridismo seguirá creciendo cada día y nos hará vivir las victorias de nuestro equipo con más intensidad si cabe. Y que volveremos. Porque el Madrid siempre vuelve, que a nadie se le olvide…

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