Adiós a Segurola


Esta semana pasará a la historia por ser aquella en la que uno de los más reputados intoxicadores antimadridistas y falso gurú del periodismo deportivo español ha abandonado Marca.Una salida que,unida a la reciente marcha de su anterior director,Oscar Campillo,debería ser celebrada como un auténtico doblete por la afición madridista.

Y es que Marca ha sido uno de los múltiples púlpitos desde los que ha venido descargando sacos de basura sobre el Real Madrid, sus entrenadores y sobre todo su presidente, contra el que tenía –e imagino que habrá acrecentado exponencialmente– una fijación enfermiza y un odio casi africano.

Me refiero, como no podía ser de otra forma, a Santiago Segurola. Ese charlatán, de voz engolada, cursi, cínico y demagogo como pocos, considerado como maestro de periodistas. Un tipo absolutamente pagado de sí mismo, ególatra, endiosado y que ha generado entre sus compañeros de profesión un temor reverencial a llevarle la contraria.


Un tipo que representa como nadie la escombrera intelectual en la que se ha convertido el periodismo deportivo español y que hace años acabó engullido por su propio personaje que, desde sus infinitas ventanas mediáticas, no ha perdido ni una sola oportunidad de aplicar su doble (y hasta triple) rasero, especialmente contra el Real Madrid. Una institución que detesta profundalmente y sobre la que, sorprendentemente, se convirtió en cronista oficial desde un diario presuntamente madridista como decían que era Marca.

Pontificando como si de un "papa laico" se tratase, Segurola siempre se ha caracterizado por su capacidad para sentar cátedra en cada una de sus intervenciones, sin dejar lugar a la más mínima discrepancia y haciendo gala de una intolerancia oceánica. Investido de una falsa ecuanimidad, sin embargo, ha sido y es, uno de los periodistas más deleznables y que más se ha dejado llevar por sus filias y sus fobias, a la hora de realizar sus juicios de valor.

Segurola, sí, el mismo que tuvo la osadía de decir en antena que tuvo que ser su intimo amigo Pep Guardiola quien pusiese en el mapa deportivo al Bayern de Munich (a pesar de que el club bávaro hasta su llegada al club había ganado 5 Copas de Europa y casi 30 Bundesligas, incluyendo un histórico triplete en la temporada 2012/2013) El mismo que tenía el valor de calificar de “caradura” a una leyenda del fútbol como Franz Beckenbauer.


Sí, el mismo tipo cuya concepción obtusa y excluyente del concepto de fútbol le impide aceptar más ideas que la suya, le llevó a denigrar en antena a una compañera de profesión como la italiana Eleonora Giovio, sólo porque ésta osó decir que el fútbol defensivo también era fútbol, en uno de los episodios más chuscos y desagradables que he vivido en la radio en los últimos años.

Sí, el mismo apologeta del tikitaka, el fútbol del Barça y en concreto de la figura de Xavi Hernández como únicos y universales patrones de comportamiento futbolístico pero al que, apenas unos pocos años antes, no dudó en calificar de “jugador mecánico,” con un “punto rutinario” y que defensivamente era bastante mediocre.


Sí, el mismo que inició una cruzada infame y salvaje contra la figura de José Mourinho, al que atacó sistemáticamente desde su púlpito en Marca, como cronista –para más inri- de los partidos del Madrid. Unas crónicas en las que, de forma perfectamente orquestada, se dedicó a falsear la realidad de los hechos y hacer que, desde su florida pluma y su pedantería ante el micrófono, intentó cambiar las cosas en su conveniencia.

Un José Mourinho al que acusó de todo lo acusable, al que culpabilizó de todos los males del universo, aunque ello le supusiera mentir como un bellaco y contradecirse a diario, utilizando como digo, una doble vara de medir absolutamente demencial.  Cualquier acto o decisión del portugués era calificado como un delito de lesa patria, contra el fútbol español, contra el fútbol mundial, contra el sentido común. De hecho, tuvo el valor de acusar al técnico luso de haber convertido al fútbol español en un “lodazal”, además de calificar al club merengue como "ejército de burkas".

Sí, el mismo que luego calló como una momia de la V Dinastía cuando los que sacaban los pies del tiesto eran sus amigos Marcelo Bielsa o Pep Guardiola, especialmente cuando el primero agredió a un empleado del club o el segundo fue acusado de acosar a los árbitros, tanto en España como sobre todo en Alemania.


En este sentido, recuerdo como especialmente bochornoso aquel espectáculo de Pep el Humilde agarrando del brazo a una árbitro que, sin embargo, no mereció el más mínimo reproche por parte del “gurú” bilbaíno.

Florentino Pérez, una obsesión enfermiza

Pero el odio de Segurola hacia el Real Madrid va más allá de Jose Mourinho. Su fijación y su verdadera obsesión enfermiza para con Florentino Pérez da como para escribir unos cuantos tratados sobre psiquiatría y de mala práctica periodística.

Además de negarle el pan y la sal en los éxitos deportivos, le ha responsabilizado personalmente de todos y cada uno de los fracasos, grandes o pequeños, sucedidos en la historia reciente del club blanco. Le ha acusado de fichar, de no fichar, de pagar mucho, de pagar poco, de vender caro o de vender barato y no ha sido capaz de reconocerle el más mínimo mérito profesional en sus casi 13 años de mandato.

Durante estos últimos años, Segurola no ha escatimado en descalificativos contra todo lo que se mueve en el Real Madrid. Pero hay que reconocer que Florentino Pérez ha sido su blanco favorito.

Le ha llamado de todo y por su orden y lo que es peor, aprovechando su tribuna de un medio presuntamente madridista como es el famoso “Universo Marca” de forma sistemática. Y lo que es peor, ha ninguneado uno por uno todos los éxitos pero, al mismo tiempo, ha magnificado hasta el vómito los fracasos del equipo.

Es más, llegó a acusar al Real Madrid de instigar la xenofobia y el racismo desde aquel tristemente inolvidable artículo en la La Gazzeta Dello Sport italiano con motivo de la Final de Copa del Rey de 2012 entre el Athletic de Bilbao.y el FC Barcelona.

En dicho artículo, este iluminado se permitió el lujo de atacar no sólo al Real Madrid, acusándolo de “mezquino” por no prestar su estadio al aquelarre nacionalista que finalmente se produjo en aquel partido, sino a la ciudad de Madrid.

Sus acusaciones no sólo se quedaron ahí. Es más, Segurola, en un ejercicio de cinismo insoportable, habló de “derecha recalcitrante”, “intolerancia” y encima tuvo el tupé de prevenir a aficionados vascos y culés de “no ser bien recibidos” y de la existencia de un “clima de violencia provocado por políticos irresponsables”.

Por supuesto, de aquel esperpento vivido con los pitos al himno, al Rey y el bochorno que nos hicieron sentir, este pájaro no dijo esta boca es mía. Como tampoco dijo nada acerca de los únicos que sí usaron la violencia -verbal cuando menos- contra los símbolos y el espíritu de una nación entera, tampoco. 

Pero puestos a ningunear, él se ha convertido en el adalid histórico del Real Madrid del ninguneo sistemático a los rivales del Real Madrid.

En su afán de quitarle lustre a nuestros triunfos, este auténtico caradura llegó a calificar al Manchester City (pero no el de 2016, para el que sólo tuvo palabras de desprecio sino al de 2013) como un auténtico “equipo de gordos”. O al Ajax de Amsterdam con un grupo de niñatos sin oficio ni beneficio. Y qué decir del AC Milán, una escuadra de jubilados, más propia de una excursión del INSERSO en Benidorm que de un equipo de Champions.

Ahora bien, este mismo Segurola no dudó en ensalzar las virtudes de ese mismo equipo británico, apenas un año después, cuando se cruzó con el FC Barcelona en la misa competición. O al Milan, que de repente recuperó las siete estrellas de su camiseta para convertirse en un fiero rival, heptacampeón de Europa y digno de todo el respeto.

Pero es que ejemplos de este tipo nos ha dejado muchos, repito, generalmente desde su posición de gran divo del periodismo en Marca. El más palmario fue lo que pudo decir del Apoel de Chipre, sorprendente cuartofinalista de la Champions 2010/2011 y que cruzó su camino con el Real Madrid.

Evidentemente, aquel equipo de matados, de lisiados, de ineptos integrales que había llegado hasta esa fase de la Liga de Campeones no tenía ningún mérito y por supuesto, ganarles para el Madrid tenía menos mérito aún.

Sin embargo, héte aquí que ese mismo Apoel se cruzó en la Fase de Grupos del FC Barcelona un par de temporadas después y, como por arte de magia, este mismo gurú dijo del equipo chipriota que era un “equipo brasileño disfrazado” y por tanto muy temible y no se puso ni colorado.


Gareth Bale, su penúltimo "pim-pam-pum"

Sin querer extenderme demasiado más, no quería dejar pasar la obsesión por criticar los fichajes del Real Madrid, especialmente desde que en 2009 volvió Florentino Pérez a la presidencia del club.

De todos aquellos fichajes, Cristiano fue desde el primer momento el principal blanco de sus iras, siempre en contraposición a su adorado Messi, y estuvo tres años sin parar de atizarle, prácticamente a diario. 

Sin embargo, no fue nada desde que apareció en escena Gareth Bale. El galés, desde el primer minuto de pisar tierra española fue el destinatario de las mayores muestras de desprecio futbolístico y hasta personal que ha sufrido un jugador en la historia reciente de nuestro país por parte de un periodista. 

Pero de todas ellas, junto a la noticia de la famosa Hernia (uno de los ejercicios más desvergonzados del periodismo sensacionalistas vividos en España), la más destacada fue aquella en la que acusó al galés de no saber jugar al fútbol. De no entender el juego, es decir, de ser intrascendente.


De nada le sirvió al chico haberse convertido en su primera temporada en uno de los jugadores más destacados del equipo (con 16 asistencias y 22 goles) ni haber marcado goles decisivos en las finales de Lisboa o Valencia, que nos dieron sendos títulos. Su pecado, valer 93 millones de euros y sobre todo, ser una apuesta firme de su odiado Florentino Pérez.

Pero claro, y aunque nadie sabe qué es eso de “entender el juego”, al menos como éste lo dice entender, su obtusa forma de concebir el fútbol y sobre todo su incapacidad manifiesta para admitir opiniones discrepantes, le llevaron a decir semejante perla que, como todos pudimos ver,  se acabó convirtiendo en una de sus más reputadas tonterías.

El declive de Segurola, paralelo al de Marca

Podría seguir citando “perlas” de este pájaro, pues ejemplos de su antimadridismo los hay a patadas. Sin embargo, he querido centrarme en aquello más “granado” pero que, como muestra, nos puede aproximar mínimamente a su despreciable conducta con el Madrid y, sobre todo, de cuánto nos odia.

Está claro que, para Marca, la salida de Segurola era una medida necesaria y tremendamente quirúrgica e higiénica, en la búsqueda por parte de una cuota de mercado y unas ventas perdidas, especialmente entre el lector madridista, al que ha venido maltratando sistemáticamente estos últimos años.

Una errática política en su línea editorial que ha llevado prácticamente a la ruina a un diario tradicionalmente millonario en ventas y distribución en quiosco. De hecho, El ERE de UNEDISA, que se va a llevar por delante gran parte de la plantilla de Marca y Radio Marca es una buena muestra de ello.

Pero no sólo eso, la emisora deportiva, de la que Segurola era uno de sus principales baluartes, al menos desde el punto de vista “ideológico” está abocada a una casi segura desaparición.

Y es que machacar el nicho de mercado principal de lectores potenciales de Marca (es decir, el Madridismo, en general, sin etiquetas) ha sido un auténtico suicidio empresarial. Es más, la aventura televisiva, sostenida a base de tertulias cuyo hilo conductor era la crítica feroz al Real Madrid, apenas duró un par de años, al tiempo que la radio lleva varios trimestres consecutivos despeñándose en el EGM, de la mano de ese otro gran farsante antimadridista que es Paco García Caridad.

La decadencia del pomposamente denominado “Universo Marca” comenzó en 2010 cuando entró en una dinámica de crítica feroz y desmedida, en muchos casos sin el más mínimo motivo.

Desde las páginas del otrora diario madridista se han vendido inventando noticias, se han hecho eco de bulos y sobre todo se ha dado voz a antimadridistas feroces, que se regocijaban arrojando sacos de mierda sobre el club, sus jugadores, sus entrenadores (todos, sin excepción) y, por descontado, su presidente, sino que este señor, fichado a golpe de talonario para Marca y donde ocupaba una importante labor directiva, hiciese nada por evitarlo.


Por eso, lejos de entristecerme y, a pesar de que, como enseñó hace años mi madre, “el que se alegra del mal del vecino, el suyo viene de camino”, la noticia de la salida de este pájaro de Marca es para mí una grandísima noticia en sí misma. Se le cierra pues, al menos una ventana desde la que arrojar basura sobre el equipo de mis amores.

Pero por lo que se puede palpar en el ambiente, especialmente vista la reacción de la gente en Twitter, donde sólo culés, atléticos y, en general paniaguados de los medios -generalmente antimadridistas confesos- se han apenado de su despido, da la sensación que el Madridismo en general, también se ha alegrado con la noticia.

Por tanto y, como conclusión, diré que a diferencia de algunos, no echaré en absoluto de menos a este adalid del conocimiento técnico y táctico ¡Ay, qué gran entrenador perdió el fútbol con el hecho de que Segurola prefirió dedicarse a iluminarnos con su sapiencia!

Y, aunque trabajo no le faltará para seguir excretando basura por su boca y por su pluma (pues otra cosa no habrá pero púlpitos antimadridistas a su disposición, los hay para dar y para regalar), al menos ya no podrá hacerlo desde las páginas y los micrófonos de un presunto medio madridista.

Así que, querido Santiago, tanta gloria te lleves como paz dejas y, como dice el refrán, quien no te conozca, que te compre.

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