Lo habéis mancillado


Hoy no hay banderas al viento, ni coches pitando por la castellana. Hoy no hay espontáneos llegando a la Cibeles a rendir pleitesía a nuestra diosa. Hoy sólo hay llanto e impotencia, y lo que es peor, resignación. El mundo ha contemplado hoy cómo el mejor club del mundo y de la historia se convertía en el juguete de un barça arrollador. Hoy muchos de los que antes (y ahora) eran gente a la que admiraba, y ahora son mis compañeros, que venían de aguantar hasta las 7 de la mañana por el Madrid, que además de eso a las 4 de la tarde ya estaban otra vez en la lucha soñando con ver derrotado y humillado al eterno rival, se ven obligados a narrar el esperpento que hemos visto hoy aquí. 

No se vosotros, pero yo me siento estafado. Estafado por un grupo de modelos de calzoncillos que a pesar de saber jugar al fútbol, desconocen por completo lo que es el Real Madrid, no saben cómo se vive un clásico como madridista, ese día que te pones la camiseta desde que te levantas, que cuelgas la bufanda en el borde de la cama esperando para marchar al bar con los amigos o con tu padre, con la ilusión en los ojos. Es un día en los que sólo estás pendiente de ese partidazo que vivirás en unas horas, de ver a tus héroes con el escudo en el pecho dejarse el alma en el campo.

Pero eso parece cosa de las teles en blanco y negro, de jugadores que admiraron nuestros padres y abuelos y de victorias que llegaron a los libros antes de que éstos se hicieran a ordenador. La vida ha cambiado en el Madrid, y desde luego no para bien. Me duele mucho ver que nuestro capitán y nuestra estrella, en días como hoy, se muestren como auténticos sinvergüenzas. La pena se descubre al correr el velo de la inocencia, y aquellos que antes eran nuestros héroes manchados de barro que luchaban hasta derrumbarse, se han convertido en los culpables de quebrantar la ley sagrada del madridismo: esta camiseta se puede manchar de barro o de sangre, pero nunca de vergüenza. La pasión la llevamos dentro todos, a todos nos duele verlo, y no hay más. No haré análisis táctico ni técnico porque seguro que otro lo hará mejor que yo, sólo os narró cómo he vivido este día negro para nosotros.

Hoy no ha habido bufandas al vuelo, tampoco ha habido gritos de  júbilo en los bares, ni siquiera un amago de alegría. Los niños miraban con incomprensión a sus padres que buscaban alguna razón que darle a su hijo para seguir creyendo, animando. Los rostros se llenaban de negación y las copas se vaciaban sin poder disfrutar de su contenido. Todo esto ha ocurrido hoy, y ha sido por vuestra culpa. 

Hoy habéis mancillado el escudo del Real Madrid, y esperamos que haya consecuencias.

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