Se puede cultivar después del arado


Llegaba uno ya desfondado al partido en el minuto diez de la segunda parte, y se ponía en un momento al orden con un grito de guepardo de Chicharito como si estuviera llamando a sus cachorros. Uno de ellos era Illarra que aparecía por la parte inferior derecha de la pantalla para defender un córner con cara de susto. Y es que al parecer el de Motrico hacía un partido como de haber estado fuera de sitio y sacando el culo a cada pase a juzgar por los silbidos.

En efecto, perdía la pelota como una damisela empolvada, pero es que el Madrid era un conjunto espeso, saturado de fútbol como un cubo de palomitas. Jesé no puede y dice Butragueño que aún es pronto para él, lo cual puede que sea verdad. Salió Isco con alegría y se notó, ¡que le compren un mono al malagueño para que salga siempre por bulerías!

A uno, que siempre le gustó Coentrao, le vio robar balones como si en vez de pierna tuviese la lengua de un camaleón. El mismo portugués es un reptil que se confunde en el medio mientras Jesé seguía fallando en busca de la chispa perdida, película de Carlo Ancelotti, afamado director de spagueti westerns, donde Kroos ya aparece con un peinado con volumen, más allá del corte alemán con el que amaneció de blanco.

El Almería estaba ya confuso y el Madrid le sobrepasaba sin brillo, con el espesor a cuestas. Sancho haciendo galopar a su burro detrás de don Quijote saltándole las alforjas. Cómo corta Cristiano últimamente por la banda, una querencia a tablas desde donde hace volar pases de pecho. No iba a debutar Odegor porque no estaba el ambiente propicio, y mientras las cámaras buscaban al noruego en el banco captaban a Casillas mascando chicle como el jefe Gillespie, el sheriff de ‘En el calor de la noche’.

Restaban los detalles por los que vale la pena quedarse hasta el final en el Bernabéu. No hay que perderse nada de este equipo incluso en su versión mediocre. Salía Kroos en el centro para Isco que se la daba a Silva por encima de dos contrarios. El brasileño cubrió la pelota con su corpachón y lanzó un contraataque que volvió a fallar Jesé, quien corría tan recto y tan rápido y tan impecable como siempre por el hueco pero al llegar a la primera línea de defensa se chocaba como un zombi de los de Guerra Mundial Z.

Tiene que enseñarle Toni a bailar entre contrarios, cuando parece que juega de puntillas o se mueve por el ring esperando y chocando los guantes. Se desplegaba ya el Madrid con Cristiano a la cabeza buscando el gol y el Chícharo tratando de desmarcarse como si se jugara la vida. Luego llegó Isco para el mexicano quien centraba a la boca de la portería donde debía estar el portugués y donde, sin embargo, estaba ese Arbeloa que  a veces, ya se ve, el cono, se muestra imperial.

Ronaldo se enfadaba mostrando el pundonor que le hace ser quien es, lo mismito que el ínclito capitán,  y seguía trabajando esa banda donde ya hoy se puede cultivar después del arado. Se beneficiaba de ello Chicharito sin suerte, quien a su vez buscaba al prestatario para agradecerle la fe como buen cristiano. El portugués lo intentaba, pero así se quedó el partido.

De la primera parte acaso mencionar la explicación de los silbidos a Illarra, que cuando falla es el antónimo de cuando Isco caracolea y eso al público le llega con la misma intensidad. Qué se puede hacer con ese ambiente sino parecer el adolescente onanista del Jardín de Cemento.

Otras notas fueron que Jesé se la echaba una y otra vez hacia adelante y casi al instante tenía que volverse. Causas. Y efectos en lo ya comentado. Keylor haciendo saques de puerta precisos es como comer en mantel de tela acostumbrado a hacerlo en uno de papel. Al portero titular antes del chicle se le vieron en el suelo los envoltorios de las chocolatinas para ahondar más en su leyenda de fin de carrera, donde casi se olvidan sus impresionantes logros.

El rostro imponente de Sergi Barjuán era una mezcla del de Willow y la máscara de Darth Vader, y menos mal que se vio a Lukita unos instantes, tan adorable que hasta daban ganas de transformarse en Ana Torroja y cantarle aquello de Mecano: “Me cuesta tanto olvidarte…” Casillas a esas alturas ya aparecía sin ningún pudor medio desnudo en primer plano, pero no va a dejarse ese recuerdo para el final sino el tiro prodigioso de James, o la última apoteosis del Chico Maravilla.

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