En la isla de Pascua


Cantaba la gente al inicio: ¡Iker, Iker...! en deferencia a su exabrupto en la visita del Valencia. Así se las ponían a Casillas, dice ahora el dicho y no a Felipe II. Una afición tan cristiana que no sólo pone la otra mejilla sino que corea al ofensor. Un derroche de afición como un derroche de equipo sobre el campo. Todo el talento desaforado, sacado como en un registro policial, rajados los colchones y cojines, vaciados los cajones, descolgados los cuadros mientras el rival se concentra, cruza las piernas, junta las manos y espera el error. Entre todo ese alboroto la Juventus se fija en una tabla suelta en el parqué que levanta el joven Morata. El caso está cerrado, quién lo hubiera dicho, y el canterano que no celebra la resolución como si la casa del delito fuera la de su madre.

Antes hubo una jugada de Benzema en el área de las que ya no se sabe cómo describir. Parecía que se iba a mandar la pelota a la otra pierna de un autopase por alto pero en cambio la dejó muerta y luego se la habilitó antes de mandarla a las nubes. Buffon estaba ahí. Buffon estuvo porque es ese ladrón sibarita de altos vuelos de los once de Ocean que estaba en todas partes y vivía en el Lago Como. Por Marcelo pasaba todo pero era llegar al área y desaparecer el balón como en una pantalla vieja de ordenador que se empieza a borrar por las esquinas. Aun así se expuso una muestra de todos los recursos de este Madrid hasta que empezó a agotarse la batería. Isco podría haber estado recortando bianconeris hasta el seis de junio pero sólo le dio para unos detalles. Kroos siempre mete la pierna como una caña hasta que dejan de picar: peces resabiados los italianos.

Bale casi introduce en la portería a Gigi justo antes del penalti a James que iba a significar una ventaja efímera para el Madrid. No venía el rival de Turín sino de Rapa Nui. Cris recortaba y en vez de tirar pasaba. Era el de una Piedad su rostro doliente tras la decisión: ya se le escapaba entre los brazos la vida de su hijo. Seguían los blancos. Benzema, Marcelo, Marcelo. El francés despejaba en su portería como no lo había hecho nunca: por la cabeza parecía Pepe. Había Lío en Río y Toni hacía de Michael Caine. Karim insistía con sus jugadas inverosímiles, inverosímil todo y la calima aletargando la pegada.

Continuó en la segunda parte la explosión de colores. El Bernabéu era el Pintoyó aquel del Parque de Atracciones. Un lienzo anárquico y lleno de finura hasta que se la encontró Morata que le hace a Íker, Íker, un saque directo de ping pong. "El horror, el horror...", le susurraba a uno Kurtz al oído. Y después siguió lanzando cuchillos el Madrid, más bien flechitas de aquellas de los aborígenes del río Congo en forma de taconazos, pucheros e incluso ya alguna lágrima, y Gareth que enviaba el balón fuera por todos y cada uno de los espacios del perímetro de la portería de los turineses. Para rematar, Buffon le desviaba a James un tirazo con un artilugio desconocido de ladrón moderno, por segunda vez. La primera fue allí, en la isla de Pascua.

Casillas paraba y hacía parecer esta película una distopía (hasta que tuvo lugar su saque de banda) mientras Chicharito, ya en el terreno de juego por Benzema, comenzaba a rodar. El mexicano era uno de esos tumbleweeds que recorren las calles polvorientas de los pueblos del Oeste llevados por el viento. Un pueblo que espera la llegada de un Jinete Pálido o algo parecido. El Madrid hacía bailar a la Juve a base de apretar el gatillo, pero la vieja señora no se cansaba y seguía levantando los pies justo cuando ya no faltaba nada. Tan sólo Modric asomándose al campo y algunos acercamientos infantiles del Chícharo, como el último y quizá también el primer remate de Kroos, que parecía querer narrar al personal pasajes sueltos de Como Agua para Chocolate. Aquello era la jaula de grillos en la que el senador conservador sale disfrazado de mujer del local gay de sus consuegros mientras suena el We Are Family de las Sister Sledge. Entre todo ese barullo se escondían los juventinos a los que nadie, ni siquiera ahora que ya están en la final, había visto.

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