Cristiano Ronaldo, el Aquiles de nuestro tiempo


Un verdadero terremoto se produjo en España cuando,finalizada la temporada 2008-2009 y asumida la presidencia madridista por Florentino Pérez,se iniciaba esta nueva etapa con el fichaje por el Real Madrid del portugués Cristiano Ronaldo.En la presentación oficial con su nuevo equipo,Cristiano tuvo la gran osadía de afirmar que llegaba para triunfar en el mejor equipo del mundo,lo que inició en muchos españoles los síntomas de esa grave y virulenta enfermedad llamada antimadridismo.Especialmente agudos fueron,como suele ser habitual,los dolores en esa pequeña esquina de nuestra Nación donde una serie de españoles degenerados,nucleados en torno al Fútbol Club Barcelona,sueñan con formar un pequeño país independiente de España.

Ni siquiera haberlo ganado todo esa misma temporada sirvió de bálsamo para evitar los síntomas y el contagio: había que denunciar al Real Madrid por un fichaje «imperialista», que había costado 96 millones de euros (pero fichar a Ibrahimovic por 70 millones del Inter de Milán más la cesión de Samuel Etoo al club italiano parece que fue un acto de caridad digno de una ONG); incluso los periodistas de «Madrid» se hicieron eco del escandaloso dispendio realizado por Florentino Pérez en el comienzo de su segunda etapa madridista. Claro que estos mismos periodistas se olvidaron de aclarar que si Pérez hubo de abonar casi 100 millones de euros al Manchester United, fue porque su antecesor en el cargo, el vividor Ramón Calderón, tan querido por la prensa de «Madrid», había firmado encarecer su precio... 

Todo el mundo esperaba que la llegada de Cristiano Ronaldo se convirtiera, antes que en el desembarco de un futbolista de prestigio que había sido Campeón de Europa con el Manchester y Balón de Oro en 2008, en un fenómeno mediático que por sí solo rellenase las páginas de las revistas del corazón; incluso llegó a ser monográfico de muchos programas deportivos, con presencia suya en los estudios televisivos, nada más llegar a España. Sin embargo, el portugués se ha mantenido siempre, salvo pequeñas excepciones como la reciente y aireada fiesta de su trigésimo cumpleaños, centrado en el fútbol; no sólo rompió con su poco recomendable novia española, Nereida Gallardo, al poco de llegar al Real Madrid, sino que poco se ha sabido de su paternidad y de sus presuntas infidelidades.

Estaba claro que fichar por el Real Madrid y por el precio de puja que lo hizo posible iban a ser una losa considerable para el jugador: cualquier gesto, error o problema sería siempre magnificado; incluso cuando fue a todas luces injustamente expulsado y castigado con varios partidos de suspensión por un codazo involuntario a un defensa del Málaga (que si en lugar de medir metro setenta hubiera tenido la estatura del propio Cristiano habría pasado completamente desapercibido), un periodista de la bajeza de Roberto Palomar, parapetado tras su columna de final de periódico, aprovechó la ocasión para repetir las consignas habituales lanzadas contra el portugués de chulo, prepotente, etc. Pese a desembarcar en un equipo en construcción, el portugués sumó 26 goles y apuntó maneras de lo que vendría después.

Con su compatriota José Mourinho en el banquillo, quien al igual que a Pepe le arropó ante la avalancha mediática que se le venía encima, explotó el Cristiano demoledor, que lograba goles casi sin querer y de todas las maneras, batiendo el record de Zarra con 41 en la 2010-2011 y mejorando incluso su registro personal en la 2011-2012 con 46. La presunta comparación con Leo Messi, por muchos goles que meta el barcelonista, no tiene sentido, pues no hay debate: el argentino jamás logrará esos golazos por la escuadra desde más de treinta metros, ni esos cabezazos duros y precisos con los que Cristiano lleva años deleitándonos. Incluso siquiera imaginarse a Messi metiendo ese fabuloso gol de espuela como el logrado por el portugués ante el Rayo Vallecano en 2012, que valió una victoria, es mucho imaginar... Tan partidistas son los periodistas patrios, que cuando a comienzos de la anterior temporada Ronaldo goleaba sin piedad (acabó siendo nuevamente Pichichi con 48 goles en liga) y Messi metía muchos menos, se inventaron la nueva fórmula que permitiera igualar la balanza: goles más asistencias, ecuación que más tarde, cuando el argentino volvía a aprovecharse de un club que juega única y exclusivamente para él y equilibró el registro de goles con el portugués, fue desechada...

Sin embargo, Cristiano, el jugador siempre insatisfecho y que busca mejorar lo conseguido, el de físico inmejorable, cometió un grave desliz al afirmar, al comienzo de la temporada 2012-2013, que no celebraba los goles que marcaba con su equipo porque «se sentía triste». El motivo: que sus compañeros madridistas, al contrario de lo que sucedía en la secta barcelonista donde todos repetían a coro que Leo Messi es el mejor, no le apoyaban incondicionalmente para lograr el Balón de Oro, prefiriendo los capitanes madridistas Casillas, Ramos y Marcelo nominarse a sí mismos o incluso al argentino rival. Mourinho, con su ironía habitual, afirmó más tarde que el equipo se había recuperado pese a haber comenzado triste, lo que irritó aún más al jugador portugués. 

Al igual que Aquiles, el héroe de La Ilíada, se negó a luchar con los griegos porque le desposeyeron del tesoro que había logrado al saquear el templo de Apolo, para terminar con la enfermedad de la peste enviada por el dios como castigo, Ronaldo dejaba en evidencia en público a su club y participaba en la iscariotada contra su entrenador alentada por los capitanes, solamente porque sus intereses individuales se veían comprometidos. Ese seguramente sea el gran defecto de Cristiano, su auténtico talón de Aquiles: su necesidad de ser siempre protagonista de los éxitos madridistas. Sus cabreos cuando no logra meter el gol decisivo o alguien se lo arrebata recuerdan al Fernando Martín del Real Madrid de baloncesto, irritado al máximo porque Petrovic no le pasaba el balón...

En esta temporada 2015-2016 que se inicia, la séptima con el Real Madrid, esperamos que la cólera de Aquiles Cristiano, el jugador de físico perfecto, cuya efectividad ante el gol se eleva por encima de todos los futbolistas mortales, no haga acto de presencia y podamos ver cómo el portugués, en plena madurez como futbolista alcanzada la treintena, aumenta su número de éxitos colectivos con el conjunto blanco.

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