Madrid, un artista del trapecio


El Madrid, protagonista de innumerables actuaciones arcaicas contenidas en la caterva de las más bellas artes circenses, trapecista de cuerda floja.

Se mantiene sereno, paso a paso, salvaguardando su statu quo. Concentración máxima, como trapecista precisa de su ensimismamiento y  de un cisco reducido. Percibe la admiración que despierta en todo el mundo,  la gente anhela ver su actuación por encima de cualquier otra. Aunque también habitan los imprudentes, sádicos y deleznables seres sedientos del morbo emanado por una ansiada caída.   

Si bien es cierto que existe una delgada línea entre amor y odio, también ésta separa por escasos milímetros la envidia de la admiración futbolística. Fuera del escenario nadie es héroe ni villano, nadie te empuja al vacío pero tampoco alza la mano en gesto de ayuda. 

El Madrid ha sido abandonado por todo su ministerio de prensa –adoctrinada en contraespionaje-. A su lado cuenta solo con algunos impetuosos empeñados en preservar su dignidad frente a la prostitución intelectual y manipulación colectiva. En tiempos de separación, de incongruencias territoriales y de pretextos ventajistas se halla el motivo para apoyar aún más a este trapecista que sigue recordándonos lo afortunados que somos al poder admirar cada una de sus funciones.  

El artista blanco consiguió un efímero liderato en territorio hostil –Bilbao- mientras los del circo vecino, los del país pequeñito, cayeron estrepitosamente en Vigo, donde la última perla de su falsa idolatrada cantera frente a su verdadera ansia de cartera –Nolito- les dio razones suficientes para dejarse de líos con el fisco y apostar por el estado del bienestar. Motivo de alegría para la parroquia blanca, un estado de optimismo aún más acentuado tras la inoportuna lesión de Messi unos días después. Pero como viene siendo habitual, nuestro trapecista padece de un vértigo impropio de su grandeza setenta y dos horas después, un leve mareo que hace del show un espejismo. Cierto es que sufre de lesiones, que aunque leves, residen en su columna vertebral y le merma, pero esta vez el guion no era tan exigente y se esperaba algo más de precisión en sus ejecuciones.

 Y nosotros, ¿nosotros? Sí, nosotros, amantes de su ambiciosa y paciente obra, debemos promulgar con el ejemplo, suena bíblico pero todo esto siempre implica algo de fe ¿no? No podemos desalojar del pedestal –cuando tiene un día errático- para posteriormente volver a  encumbrar –cuando endosa cinco goles al rival- a Cristiano Ronaldo como si fuera una figura de quita y pon. No podemos emborracharnos de júbilo un veintitrés de septiembre y desfallecer el veintiséis. No podemos enaltecer la conexión ‘JamIsco’ y mandarla al traste tras algún partido flojo del malagueño. No podemos permitirnos ser tan arrogantes como la prensa carroñera y menospreciar la labor de un importante jugador ¡¡nuestro!! para ensalzar a ¡¡otro jugador nuestro!! Recordad que ese vaivén de sentimientos puede provocar violentas sacudidas que perturbarían la estabilidad de nuestro trapecista. Debemos tener fe ‘ut supra’ y criterio a la hora de diseccionar los elementos que provoquen un desliz. Quien no sea paciente que no mire y quien quiera marcha todos los días que se compre la saga de películas de Tarantino.

Hay tiempo y materia prima para enderezar de nuevo el paso hacia lo más alto de la tabla liguera. Mientras tanto, otros están obnubilados por desertar de ella, poniendo en tela de juicio el sentir de un país, olvidando que todo su éxito proviene de la inclusión en él, de su Liga y de la copa de S.M El Rey. 

Hagámosle sentir al trapecista que su meta está cada vez más cerca…

“De esta manera de vivir no se deducían para el trapecista dificultades con el resto del mundo. Sólo resultaba un poco molesto durante los demás números del programa, porque como no se podía ocultar que se había quedado allá arriba, aunque permanecía quieto, siempre alguna mirada del público se desviaba hacia él. Pero los directores se lo perdonaban, porque era un artista extraordinario, insustituible. Además era sabido que no vivía así por capricho y que sólo de aquella manera podía estar siempre entrenado y conservar la extrema perfección de su arte.”

Un artista del trapecio, Franz Kafka.

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